La experiencia SVE de Elvira Abellán. Desde Murcia, Elvira se marchó el pasado mes de septiembre a través de Mundus a la ciudad checa de Ústí nad Labem a colaborar en las actividades de la biblioteca municipal gracias a un proyecto del Servicio de Voluntariado Europeo (SVE). Nos ha enviado esta entrevista para que todos conozcamos un poco más de ella y de su proyecto. ¡Muchos saludos y aprovecha los tres meses y pico que aún te quedan Elvira!

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Estudiaste Historia del Arte en Murcia y Gestión Cultural en Valencia, ¿has tenido la posibilidad de trabajar en lo tuyo desde entonces?

No, no pude encontrar nada parecido a un trabajo de verdad. De hecho, tampoco lo intenté durante mucho tiempo. Hay mucha competencia y muy pocas oportunidades en este campo.

Tuve la oportunidad de trabajar en dos museos haciendo prácticas pero durante muy poco tiempo.

Entonces, ¿qué hiciste al terminar la universidad?

Trabajé como camarera y como dependienta. Estaba bien al principio. Mi objetivo era ahorrar mientras tenía tiempo para pensar y decidir cuál sería el siguiente paso. Pero caí en la rutina rápidamente, sólo trabajaba y ahorraba, y no tenía motivación porque no sabía ni para qué lo hacía. Además ganaba muy poco dinero, el salario mínimo, y era un trabajo bastante duro.

Solía pasar temporadas trabajando y ahorrando para luego viajar. Al tiempo estaba decidida a probar en el extranjero y me ofrecieron un trabajo en Dublín, mi destino más deseado. Trabajé allí unos meses como niñera con una familia medio irlandesa medio argentina mientras viajaba por el país y me empapaba de la cultura irlandesa.

¿Cómo conociste el Servicio de Voluntariado europeo?

Lo descubrí gracias a mi hermana, que fue voluntaria en Polonia hace tres años. Fui a Wroclaw a visitarla y me gustó mucho la idea de poder descubrir otro país y cultura mientras tienes la posibilidad de trabajar en algo que te motiva y te hace sentir útil. Al tiempo de visitarla empecé a ojear algunas ofertas de voluntariado, y di con una que me gustaba especialmente para pasar un mes recorriendo Bulgaria con 30 jóvenes de diferentes países y trabajando en una organización que todos los años hace un festival de cine en la costa del Mar Negro. No me pude resistir y hasta la fecha ha sido la mejor experiencia de mi vida.

¿Por qué elegiste República Checa para un voluntariado más largo y por qué especialmente en una biblioteca?

Sinceramente, al principio envié mi candidatura a varias organizaciones con proyectos de otro tipo, muy enfocados al mundo del arte y los museos. Pero no me seleccionaron y empecé a ser menos selectiva en cuanto a el destino y el proyecto. En realidad creo que la esencia de este programa no depende tanto de en qué organización o país estés.

El principal atractivo de República Checa para mi era que nunca había estado aquí, y para viajar es genial por que está en el centro de Europa. En cuanto a la biblioteca, lo que me gustaba del proyecto no era en si la biblioteca ni las funciones de bibliotecaria aburrida que tenemos en mente, sino la cantidad de actividades culturales que ofrece esta biblioteca en concreto. Sin duda es lo que más disfruto, las actividades con los niños, los talleres, las clases de español, el club de inglés…

¿Antes de venir tenías algunas expectativas sobre el país y sus gentes?

Sabía que los checos son bastante fríos y que tienen un carácter muy reservado. Lo más desconcertante para mi fue descubrir la ciudad en la que viviría durante los siguientes 10 meses.

Mi primera impresión en el coche cuando llegamos a la ciudad fue “esto es feísimo“. Pero más o menos ya sabía a lo que venia, es una ciudad industrial muy descuidada al norte de la república.

Otra de las ideas preconcebidas que tenía, gracias a internet, era que posiblemente moriría de un ataque de asma por la inmensa cantidad de contaminación de las fábricas, y no es así en absoluto. Solía ser así, hubo una época en la que era peligroso salir a la calle debido a la gran contaminación del aire, pero por suerte han mejorado mucho en ese sentido.

¿Qué sueles hacer en la biblioteca?

Enseño español a algunos empleados de la biblioteca, hago talleres de manualidades y de juegos en inglés para los niños, hago de fotógrafa en las obras de teatro, presentaciones y exhibiciones sobre costumbres españolas, soy responsable del Open English Club y ayudo a los empleados con algunas tareas. ¡Ah, y estudio checo!

¿Qué es lo que más disfrutas?

Sin duda trabajar con los niños. Es genial que ellos no tengan miedo a comunicarse conmigo, aunque yo difícilmente entiendo el checo y ellos solo conocen unas cuantas palabras en inglés. Pero me hablan sin parar, y prueban con cualquier cosa, con dibujos, con algo de inglés, con las manos y hasta con los pies. Alguno me ha llegado a decir cosas en alemán o ruso para hacerse entender. En contraste con los adultos, que se suelen asustar bastante cuando descubren que no hablas su idioma y que tienen que recurrir al inglés.

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