Verónica ha querido compartir su experiencia de EVS con Mundus:

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“No me puedo creer que ya hayan pasado los nueve meses de mi proyecto. Han sido tan largos como un suspiro. Al principio te ves en un avión con rumbo a Inglaterra y en un pestañeo estas en un avión con rumbo a casa.

Cuando decides hacer un EVS, no solo decides pasar tiempo fuera de casa en otro país. También decides que quieres aprender (aprender un nuevo idioma, aprender a vivir por ti mismo, aprender a valorar lo que tienes y lo que no tienes, aprender a manejar tu dinero de bolsillo, aprender a convivir…), que quieres sentirte útil, que quieres mejorar las habilidades que ya tienes y ganar otras.

Mi proyecto trataba de apoyar al personal de un colegio alternativo, un lugar donde chavales de entre 16 y 19 años en riesgo de exclusión pasan sus horas de estudio ganando “skills” que podrán usar para futuros puestos de trabajo. O lo que es lo mismo, un colegio donde más que estudiar te enseñan algo práctico, en mi caso todo lo relacionado con medios de comunicación. Y así he pasado mis últimos nueve meses en Preston (Inglaterra).

Pero un EVS es mucho más que un proyecto con fines sociales. Tu vida cambia radicalmente porque te mudas. Tus amigos y tu familia están lejos y a ti te toca empezar un poco de cero. Al principio se pone todo cuesta arriba porque te ves solo, la gente no te entiende ni tú entiendes a la gente. Pero te sientes útil. Por fin. Y empiezas a conocer gente de millones de sitios diferentes. Y te echas amigos. Y sales y te diviertes. Y viajas y conoces cosas nuevas de otros sitios. Pero entonces se presenta el día D a la hora H llamando a tu puerta y recordándote que es hora de volver a casa.

Así que aquí estoy, haciendo mis maletas, no solo llenas de ropa y de souvenirs. Llenas de amigos a los que echaré de menos, de un montón de recuerdos de sitios a los que posiblemente no vuelva. De comidas raras y de recetas nuevas. Eso sí, haces la maleta con el corazón en un puño, porque no quieres decir adiós pero también tienes la esperanza de que esto es solo el principio de un largo camino.

Así que si estás pensando en hacer un EVS, solo puedo decirte que es una experiencia muy buena y que no te arrepentirás en ningún momento. ¡Ah! Y gracias Mundus, por cuidarme tan bien durante los ratos duros.”

Muchas gracias Verónica!